SurfTrip Santa Teresa, Costa Rica: cumpliendo el aislamiento en el paraíso

Nuestro amigo Luis Blanco se encuentra haciendo la cuarentena por el Coronavirus a pasos de uno de los spots más codiciados del mundo, viendo desde afuera rolar perfectas y solitarias olas.


Por Luis Blanco, especial para La Ola Madre

Luego de varios meses de buscar recomendaciones y juntar información acerca de un destino surfero, comenzó mi viaje con el objetivo de cumplir un sueño personal: poder surfear en una playa paradisíaca, con agua caliente sin tener la necesidad de usar un Wetsuit. Así arrancó todo.

El 5 de marzo de 2020, finalizada mi jornada laboral en La Plata, mis amigos me acompañaron hasta el aeropuerto de Ezeiza para tomar mi vuelo. Ese día daba comienzo a una gran aventura cargada de desafíos ya que nunca había viajado tan lejos de casa y mucho menos en solitario.

Luego de casi un día de haberme despedido de mis amigos en aquel aeropuerto, entre vuelos y escalas, llegué a mi destino: Santa Teresa, Costa Rica. Santa Teresa es un pequeño pueblo ubicado sobre el Océano Pacífico, más precisamente en el extremo sur de la bahía de Nicoya.

Allí me hospedé en el hostel Zeneidas Surf Garden, ubicado en un inmejorable point: a tan solo 30 metros del mejor spot para surfar e inmerso en una selva cargada de vegetación y animales exóticos. La idea era quedarme un mes en ese lugar con el objetivo de mejorar mi surfing y conocer gente, ya que Santa Teresa es un lugar muy elegido a nivel mundial para surfar.

 Al llegar a la habitación del hostel, mi primer instinto fue armar mi tabla, ponerme un poco de sunscreen en la cara para frenar el potente sol  e ir corriendo a la playa. Al llegar, me encontré con lo que estaba buscando: una playa paradisiaca, arena súper blanca y suave, palmeras por doquier, y unas bombas de 2 metros o más que rolaban con gran fuerza. ¡Jamás olvidaré esa primer session!

 Luego de 15 días de pleno surfing y como se dice en Costa Rica, de “Pura Vida”, empezaba a sentir que mi sueño había sido cumplido. Mucho surf con sesiones increíbles, gente de todo el mundo con la cual compartís desde una pequeña charla, hasta horas intercambiando historias épicas.

 Aquel 5 de marzo en Argentina y en el mundo comenzaba a aparecer un factor preocupante, que jamás hubiera pensado que se desarrollaría con tanta velocidad y con gran poder de afectación a nivel mundial, causando impensables cifras de muertos, el COV-19. ¡FUCKING VIRUS!

 Por esta causa, a partir del 20 de marzo comenzaron a correrse los rumores de que se iba a prohibir la práctica del surf y otros deportes. Algunos decían que hasta ni siquiera se iba a poder pisar la arena. Luego de 3 días, el rumor se volvió realidad. El gobierno de turno decidió el cierre total de las playas y de las fronteras del país.

Realmente fue un baldazo de agua fría y una realidad que jamás hubiese imaginado que me llegaría estando tan alejado de la ciudad.

Al día siguiente, temprano por la mañana los huéspedes del hostel nos desayunamos con la triste noticia que aquel maravilloso lugar que había sido mi hogar por tantos días, cerraba sus puertas.  Esa misma mañana, inundado de desconcierto, salí en busca de un nuevo hogar.

Mientras hacia la búsqueda, pude observar que la medida tomada por el gobierno se cumplía a raja tabla. Todas las bajadas públicas a la playa se encontraban cerradas con cintas de “clausurado” y patrulleros de la fuerza  policial  controlando la zona.

Sin poder surfear y sin boleto de regreso a Argentina (ya que las fronteras de ambos países se encuentran cerradas), me encuentro en Costa Rica cumpliendo con una cuarentena obligatoria. Aún con la esperanza de volver a surfear antes de regresar a casa.

 Mientras tanto, a pasos de uno de los spots más codiciados del mundo,  surfeo  con la mirada cada swell que entra a este paraíso costero.



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