Edwin Salem, las aventuras de un pionero del surf argentino

Conocé sus primeros pasos en el Surf, la escuelita en Gessel en los años setenta, la mano prohibidora de la dictadura, su locura por el surf y la búsqueda de olas en la Patagonia, Islas Malvinas, Antártida y Alaska, además de su experiencia en la poderosa Maverick, California.


Por Agustín Mauad de La Ola Madre

Los Gauchos del Mar venían a La Plata a presentar su tercer documental. El organizador del evento era amigo de la casa, estábamos en contacto permanente: “¿Qué te parece si invitamos a los pibes a comer antes de la presentación?”, pregunta. La respuesta fue instantánea. Así fue que esperamos a Joaquín y Julián Azulay en el bunker de La Ola Madre con un asado dominguero.

El día amaneció con un sol espléndido, especial para prender el fuego. Durante la mañana fueron llegando algunos amigos (Fluir, Camarón Brujo La Plata, Swahili) que también participaban de la presentación del film “Península Mitre”. Salamín, queso y vino hasta que llegó la camioneta de los gauchos. Bajaron los dos hermanos, la novia de Joaquín y un hombre, que pensé que era Don Azulay.

Reconozco que no ser cholulo ni seguidor de la farándula del surfing, pero le veía cara conocida a aquel hombre. Con los comensales en la mesa, arranqué sirviendo las achuras… Entre charla y charla, me levanto a buscar el asado,  momento en que el hombre me dice: “Si hay más chorizo y morcilla, me anoto. En el Caribe no se consiguen…”. Fue allí que los hermanos nos hicieron una breve presentación de Edwin Salem. Ahora sí, con su nombre e historia, recordaba haber leído algunas de sus aventuras en magazines surferos.

Tal vez, el mundillo del surf argentino se encierra a reconocer únicamente a aquellos deportistas que representan a las grandes marcas en competencias nacionales e internacionales, decisión que no me parece para nada incorrecta… Pero creo que también merecen su lugar aquellos aventureros, buscadores de olas, locos por el surf que han dejado huellas por fuera de ese foco…

En esta entrevista con “La Ola Madre”, conocé un poco más de la historia de Edwin Salem:

Nació el 19 de agosto de 1960 en San Isidro, hijo de René Salem, famoso yachtsman inglés que representaba a Argentina en regatas internacionales con sus barcos “Joan” y “Juana” (ambos diseños de German Frers), y de Cristina Bosarich, hija de emigrante yugoeslavo, la segunda mujer en graduarse de odontóloga. Los padres de Edwin se conocieron navegando, René venia de la opulencia del capitalismo manchesteriano y Cristina de la autosuficiencia y la visión de progreso individual, vanguardista femenina.

Comenzó a barrenar con 8 años en el Yacht de Playa Grande -Mar del Plata-, lugar del que sigue siendo socio cultural surfero. En el 71 se mudó junto a su familia  a San Francisco, California.  Allí dio los primeros pasos en el surf junto a Lorin Laurenz, un vecino de  barrio, Ocean Beach. La tabla era una 7 pies Dalmond Lee de Wise Surfboards.

-Tras varios años de estar radicado en Costa Rica, ¿A qué se debe la visita a tu tierra natal?

Básicamente para darle apoyo a los Gauchos del Mar en su película Península Mitre y todo lo que ese proyecto abarca. La expedición, el arte y la preservación ambiental de la Península.

Lejos de las playas del Atlántico Sur pero siempre conectado con el surf argentino, ¿Cómo lo observas desde afuera?

Creo que el surf argentino se está expandiendo rápidamente por toda la costa y el soul surfing, hoy por hoy, abarca mucho más que el competitivo. Como soul surfer me interesa este movimiento socio-surfero y esto me motiva aportar todo mi conocimiento para la generación actual y próximas generaciones. Nunca sabes cuando la naturaleza te dará de alta, así que hay que volcarlo antes de esa hora.

-¿Actualmente estás surfeando?

Surfeo todos los días que esta bueno. Promedio 5 días por semana en temporada de olas. Si no me aguanto a mí mismo surfeo aunque este malo. Si me duele la espalda barreno con patas de rana para estirar todo.

 -Sos el primer argentino en abrir una Escuela de Surf en estas costas. ¿En dónde y a partir de qué surgió la idea?

La idea viene de esas épocas de los años `70 en Villa Gesell. Todo el mundo me paraba por la playa para ver mi tabla o se subían al muelle para verme surfear. Muchas veces me pedían que les enseñe. Era como si la gente tenía una enfermedad y que el surf era la medicina. Eran épocas de represión militar y la gente veía el surf como una expresión de libertad. Una especie de arte marcial para concentrarse en momentos de expresión corporal, en el arte de un espíritu libre de la locura humana del momento. El gran escape de una pesadilla institucional a una realidad natural regida por reglas universales. Un camino a la felicidad. Y esa felicidad había que compartirla. Al abrir la escuela, esto era evidente y esas fuerzas oscuras la reprimieron cerrándomela. Pero ahora me rio, las escuelas de surf se propagaron por todos lados como una plaga. El surf y su espíritu ganaron la guerra espiritual.

-Corriste Mavericks, las Islas Malvinas, Alaska, Antártida, recorriste la Patagonia… No te vamos a pedir que vuelvas a contar con detalle cada experiencia, pero con una palabra o una oración describas cada sensación.

Mavericks: El Ying y el Yang en su máximo exponente, la vida y la muerte en tu cara en cada sesión. El límite de tus nervios, la superación de tus miedos. Máxima adrenalina. Minimalismo existencial frente a tanta agua. Camaradería, caballerosidad y honor.

Islas Malvinas: El surf como símbolo de Paz y Amor vis a vis los horrores de la guerra. Exploración de surf libre de política. Aceptación de nuestra fragilidad, humildad humana y amistad con los locales como seres humanos, aceptando nuestras diferencias culturales y políticas en paz, sin doctrinas ni propagandas. La importancia del derecho internacional y la diplomacia.

Alaska: Una gran aventura a un mundo tan salvaje y fuerte, que me hizo comprender como funciona la naturaleza con gran claridad. El entendimiento y la importancia de la logística y estrategia para futuras expediciones. El uso de embarcaciones náuticas, aviones y bases de campamentos para la seguridad y alcance de la exploración surfera, en lugares hostiles y aislados. El orden natural como regla de vida, la naturaleza como la máxima expresión de Dios.

Antártida: La expedición más compleja logísticamente. El uso de la náutica como vehículo de exploración y supervivencia. Control mental absoluto. La exploración del surf en playas de icebergs y playa con glaciares. El entendimiento del hielo como fuente de energía cósmica. La combinación del conocimiento náutico y surfero para descifrar y encontrar lugares aptos para el surfing minimizando riesgos. Grandes tormentas de vientos y la existencia humana en una nuez de acero. Los límites de la sanidad mental frente a la brutal fuerza de la naturaleza, y el éxtasis de de poder surfear. Surfear fue lo más familiar y simple de este viaje. Un mundo tan distinto donde el ser humano y su insignificancia es abismal. Conocimiento, respeto, camaradería, orden, honor, claridad, estado físico-mental y un gran sentido de humor para compensar la constante e imparable adversidad.

Patagonia: La primera expedición. Lanzarse al abismo de “Aqua Incognita”. La base para todas las otras expediciones. Un viaje de inmersión cultural a lo autóctono. El desierto y los vientos brutales. La enorme expansión de nuestras costas vírgenes, la infinidad de posibilidades de surf. La solidaridad, simpleza y sabiduría de los paisanos. Mi primer encuentro con la cultura de los gauchos y su filosofía de vida. Las colonias Galesas y su legado cultural en la Patagonia. La salvación del Idioma Gales y el retorno de este a su cultura natal. Olas por todos lados. Chicas lindísimas.

En ese momento me di cuenta que estaba por hacer algo que nadie había hecho antes. Una especie de electricidad corría por mi sangre en la medida que me acercaba al agua. Irrigándome de variadas sensaciones como asombro, miedo, nervios, pero sobretodo un gran y profunda alegría. De golpe me lance contra las espumas y reme hasta pasar la rompiente. Allí sentí esa inmensa soledad que me rodeaba. Percibí realmente lo pequeño que era frente a este paisaje…. Pero esto cambio cuando agarre mi primera ola, de golpe me sentí pleno, consiente y conectado a todo mi entorno mientras fluía con la naturaleza. Luego de varias olas entre en esa normalidad de “bliss” surfero de no pensar en nada. Solo era el sentir del acto de en sí, en ese mágico trance de coordinación física inconsciente desprendido de cargas…. Y en ese espacio tan íntimo, pude gozar de las olas que había descubierto.

Después de un par de horas en el agua, vi al pescador en la orilla con una gran sonrisa en la cara. Me dirigía hacia él con el objetivo de saber qué opinaba sobre el Surf y le pregunte: ¿Qué le parece esto? Y contesto: ¡Señor Ud. si tiene mucho coraje”. Luego me pregunto cuánto me pagaban por hacerlo. Respondí contento, “lo hago por placer”. El respondió algo que ya venía escuchando con frecuencia y era una constante desde mucho antes de empezar el viaje. “Señor Ud. esta loco”.


  • Erik Stingl

    Muy buena nota, gran experiencia de vida!!


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