SurfTrip Indonesia: mil viajes dentro de un mismo viaje

Una pareja partió de Berisso hacia el sudeste asiático en búsqueda de la ola madre. Conocé los paradisíacos destinos donde surfearon: islas remotas con templos hindúes y una intensa vegetación, donde quebraban olas perfectas con fondo de coral.


Tomás Banks y Soledad Decara viven en Berisso. Él, surfista nacido en Necochea, le propuso a su pareja viajar a Indonesia, sitio que conoció en un trip con sus amigos. No hubo mucho que discutir: sacaron pasaje, guardaron las tablas en el cofre y armaron los bolsos con poca ropa, sabiendo que allí debían movilizarse mucho de un lugar a otro en todo tipo de transporte.

Indonesia es un país sorprenderte, donde podes estar meses y siempre te va a faltar tiempo para hacer todo lo que ofrece. Entre sus islas cargadas de infinita vegetación, caminos en pésimo estado y gente humilde, se levantan templos hindúes rodeados de cascadas, que desembocan en un mar celeste, donde quiebran las olas más perfectas del planeta. La vida es sencilla y barata, aunque tenes muchas opciones si querés hacer un viaje costoso y lujoso.

La aventura por el sudeste asiático comenzó en Bangkok, donde arribó el avión y solo estuvieron una noche; al día siguiente partieron hacia Bali. Pararon cerca de Padang Padang, de allí se movilizaron en una moto que alquilaron de un lugar a otro, recorriendo toda la zona de Uluwatu. Con la tabla a cuestas, entre templo y templo, surfeó Dreamland, Uluwatu y Bingin, tres olas potentes y con fondo de corales.

El trip siguió su recorrido y la siguiente estación fue Canggu, cerca de Kuta: uina playa de arena negra donde salía una ola bastante linda pero soplada. Permanecieron unos días, donde además de surfear, visitaron los templos de Ubud y Arrozales: conocieron un guía balines que hablaba español, lo que les permitió entrar de lleno la cultural del lugar, contada por un nativo.

Luego zarparon hacia la isla de Lombok, donde se sumaron dos primos australianos de Tomás. Allí, pararon en Gerupuk: una casa sobre la playa, donde veían el amanecer encendiendo el cristalino mar. Todas las mañanas madrugaban, desayunaban fuerte y se subían a una pequeña embarcación que los llevaba a distintos points, inside y outside: encontraron spots donde quebraban olas perfectas, con muy buen tamaño, que quebraban suave.

En Lombok alquilaron una camioneta y fueron a surfear a Ekas: atravesaron caminos muy complejos, tardaron una hora cuando el viaje es de 30 minutos. El esfuerzo tuvo su recompensa: la playa era un paraíso y sin gente, olas que funcionan con frecuencia, derecha e izquierda con extenso recorrido.

En cuanto a la alimentación, la comida típica de la cocina indonesia es el Nasi Goreng, que es arroz frito con salsa de soja, pollo y huevo; fue una constante en la dieta de la pareja. En su mayoría, los platos son muy picantes: si te olvidaste de advertirle “No spicy”, prepárate para tirar fuego por la boca. En los desayunos, principalmente comían omellete con jugo de frutas y café. Entre los jugos, había un sinfín de variedades, pero uno poco común que probaron fue el de palta con chocolate.

En esta aventura también se dieron el gusto de ingerir el café más caro del mundo, que se fabrica con caca de mono: Kopi Luwak se prepara usando granos de café que han sido ingeridos por la especie animal “Civeta de palmera asiática”, parcialmente digeridos, y recolectados de entre sus heces.

Abandonaron la isla para ir hacia otro territorio insular: las Islas Gili. Rodeados de mar turquesa, aprovecharon a descansar y tomarse tres días de relax. Con las energías cargadas, volvieron a zarpar en barco, esta vez a Lembongan: allí nadaron entre los corales, hicieron snorkel con manta rayas gigantes. También volvieron a activar las tablas: surfearon una derecha que se llama Laceration, quebraba con poca agua arriba del reef y se daba vuelta.

Los musulmanes no están acostumbrados a ver mujeres en bikini y, en muchas ocasiones, a más de uno se le fue los ojos, por lo que Soledad se ponía incómoda. Con la mirada firme y seria de Tomás, bastaba para que los paisanos sigan su rumbo.

Luego, en otra pequeña embarcación, volvieron a Bali, donde tomaron un vuelo interno hacia Yogyakarta, en la Isla de Java, la más poblada del mundo, con un territorio cargado de cultura hindú. 38 montañas cónicas, lo que indica que en un tiempo pasado fueron volcanes activos, decoran la ciudad. En Java comieron Durian, una fruta que tiene olor a podrido, mientras más olor a podrido, más rica es.

Estuvieron unos pocos días y partieron hacia Padang, en Isla de Sumatra, desde donde embarcaron hacia las Islas Mentawai. El viaje marítimo fue nocturno y muy pesado: no consiguieron ticket con cama, así que viajaron 12 horas en la cubierta, de noche, repleto de gente, una dura experiencia. La pareja aseguró que no es fácil llegar a Mentawai, los barcos no salen todos los días y los horarios cambian.

Desembarcaron en Siberut. Allí los fue a buscar Paco, un español que los alojó en su SurfCamp, al que tuvieron que llegar en lancha: se encontraba en una isla que se llama Niang Niang, en la zona de Play Ground, frente a E Bay. Volvió la mejor rutina: madrugar, desayunar fuerte e ir en búsqueda de la ola en barco.; regresaban, almorzaban, siesta y de nuevo a buscar el pico hasta el fin de tarde. Corrieron Nipusi, Hideway, Burger World, Aframes, Good Times y Beng Bengalam entre otros points. Estuvieron 5 días pero se quedaron con ganas de muchos más, la travesía valió la pena.

En Nipusi, una ola cerrona lo dejó adentro y lo hizo pagar; en el revolcón, se impulsó con el fondo para salir a flote y se cortó la palma de la mano con un coral. De ahí en más, en cada wipeout, se quedó tranquilo, horizontal, esperando el momento de salir a la superficie, para evitar cortes. Por más que las lastimaduras sean pequeñas, las heridas tardan en curarse y si se infectan,  es otro tema a tener en cuenta.

Además de los cortes en el reef, los fuertes impactos en las caídas son uno de los peligros latentes en el viaje, las olas tienen tamaño y potencia. Un español que estuvo junto a ellos en las Mentawai, sufrió una caída en Hideways: el rider gallego perdió el control y el labio de la ola le cayó encima, quebrándole la columna. Lo tuvieron que trasladar inmovilizado a Singapur y luego a España, para que sea intervenido quirúgicamente.

Desde las Mentawai, pegaron la vuelta en un fast boat de 6 horas hasta Pandang, donde tomaron un vuelo con destino a Bangkok. Hicieron noche y se dirigieron al aeropuerto, donde el avión partía nuevamente hacia territorio argentino: 28 horas más de viaje.

Así terminó esta experiencia única. Lejos de la comodidad, en esta travesía de amor, la pareja se enfrentó a distintas circunstancias. Siempre juntos, en avión, camioneta, auto, moto, barco, lancha o a pie, buscando la ola madre.



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